
Ciudad de México, octubre de 2026 — México recibió 34,968 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED) durante el primer semestre de 2026, un máximo histórico para un periodo enero-junio, de acuerdo con la Secretaría de Economía. Sin embargo, detrás de la cifra récord aparece un desafío menos visible: que el capital que llega al país se traduzca en mayor capacidad productiva, proveedores fortalecidos, talento especializado y empresas capaces de escalar sus operaciones.
La manufactura concentró 13,482 millones de dólares, equivalentes a 38.6% de la IED del periodo y un crecimiento de 9.3% frente al primer semestre de 2025. Dentro de este comportamiento destacó la inversión en fabricación de equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos. Los servicios financieros y de seguros recibieron otros 10,150 millones de dólares, mientras que transportes, correos y almacenamiento alcanzaron 2,650 millones, casi cuatro veces más que un año antes.
El dinamismo, sin embargo, también muestra una concentración territorial importante. Ciudad de México, Nuevo León, Estado de México, Baja California y Jalisco concentraron 73.9% de la IED captada durante el primer semestre. La Ciudad de México por sí sola recibió 16,862 millones de dólares, 48.2% del total nacional.
La concentración no es exclusiva de México. El World Investment Report 2026 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señala que los 20 principales países receptores concentraron más de 80% de la IED mundial durante 2025. El organismo también advierte que una mayor captación de capital no garantiza por sí misma un mayor impacto económico: éste depende de que la inversión contribuya a desarrollar capacidad productiva, empleos, habilidades y transferencia de tecnología.
Para las empresas mexicanas, esto significa que la llegada de nuevos proyectos puede generar oportunidades más allá de la inversión directa. La creación de nuevas operaciones puede demandar proveedores locales, sistemas de control, infraestructura, talento y capacidades financieras capaces de acompañar una expansión. En este sentido, la oportunidad no termina cuando llega el capital; comienza cuando la organización tiene que demostrar que puede crecer de manera rentable y sostenible.
Los datos del Banco de México muestran además que durante el primer trimestre de 2026 la inversión directa en México ascendió a 23,591 millones de dólares, de los cuales 22,222 millones correspondieron a reinversiones y 1,705 millones a nuevas inversiones, bajo el principio direccional. Esto muestra la relevancia que continúa teniendo el capital que ya está instalado en el país y que vuelve a colocarse dentro de las propias operaciones.
“La inversión extranjera es una señal clara de confianza en México y en el potencial de su economía. Sin embargo, el verdadero impacto no se mide únicamente por el capital que llega al país, sino por la capacidad de las empresas para transformarlo en productividad, innovación y crecimiento sostenible. En este entorno, las organizaciones que fortalezcan sus capacidades financieras, operativas y de gobierno corporativo estarán mejor preparadas para escalar, responder a nuevas oportunidades de negocio y generar valor de largo plazo.”
—Mauricio Brizuela, CEO de Salles Sainz Grant Thornton
El desafío hacia 2027 será, por tanto, pasar de una conversación centrada en cuánto capital llega a México a otra que pregunte qué capacidad económica y empresarial está construyendo ese capital. La IED puede ser un catalizador de crecimiento, pero su impacto dependerá de qué tan rápido las empresas conviertan los recursos en productividad, innovación y operaciones sostenibles.